Lo que nos cuentan y lo que es

Algo huele a podridoTengo los días de facultad muy frescos, pues hace poco más de un año que terminé la carrera. Recuerdo de forma especial una asignatura de gran carga lectiva e interesantísima, y una de las pocas realmente útiles. Se llamaba Estructura de la Información. Y no, no explicaba la estructura de la información en cualquier soporte, canal o medio. Explicaba las relaciones estructurales entre los conglomerados de comunicación,  otro tipo de empresas y partidos políticos.

Lo que más me llamó la atención es hasta qué punto estamos todos adormilados. Está muy bien hablar del derecho de la información, de cuán importante es nuestro trabajo, las teorías de la comunicación, de la información, bla bla bla. Pero tras las primeras clases de Estructura, muchos de mis compañeros se plantearon dejar la carrera (¡estábamos en 5º!) y así se lo comunicaron a la profesora, Aurora Labio, del departamento Periodismo II de la facultad, quien se sintió verdaderamente responsable. Yo no llegué a ese extremo, pero he de reconocer que me llevé una profunda decepción en torno al ejercicio de mi profesión. Pero también me di cuenta de cuán importante era conocer la dinámica y relaciones de los principales conglomerados de información de Estados Unidos, Europa y España, su trayectora y por qué tendencia han sentido y sienten debilidad. Y no deja títere con cabeza. Nadie se salva. De derecha a izquierda; de norte a sur; de sur a sur y de norte a norte.

No sé si aquellos compañeros que quisieron abandonar la carrera por conocer la parte podrida de la comunicación social trabajan actualmente en algún medio. Si así es, se habrán dado cuenta de que las clases de Aurora Labio fueron sólo una advertencia, que verán materializada en el día a día. Y vivir en sus propias carnes la influencia de la superestructura político-económica en la cabecera donde posiblemente estén dándole a la tecla o al teleprompter puede ser mucho más decepcionante que cualquiera de los temas de la asignatura.

Ni derecha ni izquierda, cuando se juega a las cartas del dinero y el poder. Y Berlusconi tiene mucho, de los dos.

Señores, es lo que hay.

Información, control e insensatez

Son muchos los que no entienden nuestro trabajo, y otros tantos que envenenan la imagen de la bonita profesión periodística. Quizás, por ello, los demás creen tener suficiente criterio como para manifestar a la ligera y a micrófono abierto cómo debemos hacer nuestro trabajo, sin ningún tipo de pudor y menos conocimiento.

A nadie le gusta que le digan cómo ha de trabajar, y mucho menos un profesional o particular que nada tiene que ver con la profesión. Como si yo le dijera a un médico cómo ha de auscultar a un paciente, lo que le debe recetar, de qué modo ha de diagnosticar. La comunicación es cosa de todos, es inherente al ser humano. Pero no así la profesión de elevar a público un hecho que constituye una noticia.

No quiero ser pedante, pero la libertad de información es un derecho fundamental, uno de los pilares del sistema democrático y constitucional, que debe ser protegido del mismo modo que los tres llamados de la Personalidad: intimidad, honor y propia imagen. No sé qué ocurre en la Isla, pero parece ser que cada vez tenemos más problemas para acceder a la materia prima de nuestro trabajo. Y no le corresponde a nadie que no sea el periodista determinar cuál es la información relevante y cuál no lo es. Tenemos suficiente formación, criterio, experiencia y cinco años de estudio a nuestras espaldas como para saberlo.

Las informaciones de sucesos son, quizás, las más peliagudas, y hay que tratarlas con mucho cuidado y respeto. No se puede jugar con las desgracias, y no es nuestra intención hacerlo. Además de la ética profesional de cada uno, la ley nos lo impide. Pero es el deber de las instituciones públicas facilitar el acceso a la información, para así garantizar el derecho de todos los ciudadanos a recibir una información veraz y de relevancia pública. Un deber de común olvido.

La empresa que lleva la comunicación del IB-Salut en Menorca comunicó ayer que no va a facilitar los detalles del estado de salud de los pacientes (víctimas de accidentes, de abusos, lesiones, robos, agresiones) sin pedir el consentimiento previo al interesado, en virtud de la Ley de Protección de Datos Personales. No obstante, sí podrán facilitar las iniciales, la procedencia, y la edad.

Una vez más, personas que no tienen ni arte ni parte en la elaboración de las noticias ponen freno a la redacción de una información de interés público. Cuando ocurre un suceso de estas características, poco importan las iniciales, o la procedencia. Sin embargo, es fundamental conocer la magnitud del hecho, algo que se puede saber -y por lo tanto informar- sabiendo las lesiones que ha padecido la víctima. Al parecer, algunos usuarios de los hospitales se han reconocido a través de sus iniciales y han exigido a la sanidad no facilitar estos datos. Datos que son, precisamente, los que no nos interesan, pero sí nos pueden facilitar. Incongruente.

Cuando damos a conocer las iniciales y el estado de salud de una víctima no lo hacemos para alimentar ningún tipo de morbo y, mucho menos, no violamos ni la intimidad, ni la propia imagen, ni el honor de nadie. Poner trabas absurdas y fuera del sentido común a nuestro trabajo sólo consigue provocar la indignación de los informadores y la redacción de noticias incompletas e insulsas.

Y que no utilicen el pretexto de la Ley de Protección de Datos Personales, porque la ley se ha de cumplir siempre, y no cuando ciertas personas deciden hacerlo, a su gusto. Si hubieran cumplido la ley, no hubiéramos tenido acceso nunca a este tipo de información.

Me consta que esta restricción en cuanto al acceso a la información sólo ocurre en esta Isla. En el resto del archipiélago, los periodistas pueden trabajar con total tranquilidad, y sin la angustiante incertidumbre de no saber si finalmente van a poder hacer su trabajo.

En fin, yo propongo la reflexión. Un saludo.

Escolar en Tertúlies a la fresca

No sé si tú, internauta, bloguero, surfero de la red, te has enterado de que hace poco cambiaron al director de Público, Ignacio Escolar por Félix Monteira, ex-director de la edición gallega de El País. Aunque no se han dado razones en ninguna parte -ni siquiera en el blog de Escolar-, nos imaginamos lo que ha podido ocurrir.

Ignacio EscolarEntre las razones que apuntan los blogueros en el blog de Ignacio y en páginas como Soitu, la influencia de la superestructura política y económica ha tenido mucho que ver. Habrá que esperar un tiempo para averiguar las razones reales.

En mi opinión, Ignacio Escolar es uno de los periodistas más influyentes de este país. Se trata de un profesional con una capacidad analítica y comunicativa brillante, dos elementos clave en la profesión periodística. Además, es uno de los profesionales más innovadores del momento. Siempre he pensado que los mejores periodistas que ha habido en el mundo mundial han ido cambiado de cabeceras a lo largo de tiempo: no se casan con nadie. Aunque está claro que nunca se quedan sin trabajo. He leído en PR Noticias que el fundador del diario gratuito 20 Minutos lo quiere en su redacción, además de otras cabeceras como La Voz de Almería.

La cuestión que que, si hace dos años Mercedes Milà fue una de las tertulianas de las Tertúlies a la Fresca de Es Mercadal, Ignacio Escolar podría formar parte de las de este año. Sería del interés de los profesionales de la información de la Isla, sobre todo para que nos dé su parecer sobre hacia dónde va el periodismo de ámbito local en la era global, con todo lo que conlleva. Lo que pasa es que no sé qué criterio sigue Ramon Orfila para escoger a los candidatos. A lo mejor los tertulianos tienen una relación directa con Menorca, en ese caso nuestro gozo caerá en picado en un pozo menorquín.

‘Comer por la patilla’ en Menorca

El fantástico blog Comer por la patilla ha incluido a nuestra Isla entre las opciones para llenar la panza de forma totalmente gratis.

Esta noche se celebra la tradicional Torrada Popular en prácticamente todos los municipios de la Isla, por lo que la ocasión lo merecía. Además, el sitio ha incluido un mapa y un link para que los visitantes echen un vistazo al programa de fiestas de Sant Antoni y al Consell Insular. Aunque la gente de por ahí no se anime a coger un vuelo y venir para comer por la patilla, al menos nuestra Isla está presente en el concurrido blog.

Comer por la patilla

Información y morbo en Barajas

Hace algunos días, una compañera de trabajo me comentó la afirmación que le hizo una reportera a un señor en el momento en el reconocía a los cadáveres de sus familiares, muertos en el accidente aéreo del avión de Spanair. Acababa de perder a su mujer, a su hija y a sus dos nietos. La reportera se acercó a él y le preguntó cómo se estaba sintiendo. Para afirmar más tarde, si era consciente de que se había quedado solo
En el día de hoy se han publicado sendas noticias sobre los límites del derecho fundamental de informar y ser informado, como consecuencia de la cobertura del accidente aéreo de Barajas.
Los límites morales del contenido de la información vienen especificados de manera muy clara en el código ético del periodista. Pero desde luego se superan en pro de un aumento de las cuotas de audiencia. Pero esto no es nuevo.
Por ejemplo, cuando News Corp. decidió comprar el diario The Sun, elevó su tirada hasta cuotas sorprendentes. Para ello dirigió el contenido de la información hacia el morbo, lo prohibido y lo escandaloso. Es sólo uno de los ejemplos que demuestran que se trata de un problema estructural, no sólo de los medios. Si la sociedad demanda informaciones de contenido escandaloso y abordadas desde este enfoque, sin duda parte de esta responsabilidad recae en el conjunto de la sociedad, que es quien alimenta este tipo de informaciones.
Tenemos Gran Hermano, Operación Triunfo, Hotel Glam, decenas de realitys que fomentan el vouyerismo nacional. Nos gustan los desastres ajenos, mirar a escondidas, asistir aterrorizados, pero desde nuestro sofá, a las desgracias y miserias ajenas. No lo digo yo, lo dicen las cuotas de audiencia.
Y por cierto, como dice Elena Valenciano, esos periodistas, “la mayoría muy jóvenes y mal pagados”, siguen las órdenes de los editores de las empresas en las que trabajan, la mayoría muy bien pagados y con suficiente experiencia acreditada.

Las órdenes vienen de arriba.

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