La Isla sedante

Hace pocos días me conecté a la red social Facebook y vi que uno de mis contactos tenía puesto como mensaje de estado ‘Menorca, la Isla sedante’. Me interesé por las razones que le condujeron afirmar eso. Aunque, en efecto, Menorca tiene ese efecto en las personas que vienen de fuera. Al preguntarle me contestó porque es tranquila y sin ruidos. Un lugar donde la gente parece no tener prisa, cuyas zonas verdes y aire puro invitan a la relajación.

Entrada del puerto de Ciutadella

El silencio es uno de los mayores activos de la Isla. Y El tiempo. Dos variables que, como en pocos sitios, cuestan dinero. Y los menorquines nos cuidamos mucho de que continúe así.

Mi contacto en concreto es de San Sebastián, una ciudad que tampoco se distingue por ser una ciudad ruidosa. Pero en el tiempo que lleva en Menorca ha dormido como un bebé.

En cuanto conseguí levantarle de la cama -una ya es inmune al silencio- me lo llevé a Monte Toro, uno de los lugares de paso obligado en Menorca. Hacía un poco de frío, el día estaba muy nublado y comenzaba a llover. En lo alto del monte sólo se escuchaban los cencerros y los balidos de las ovejas que pastaban en una finca a varios kilómetros de Es Mercadal. “Parece una maqueta”, le dije. “Y desde aquí arriba se puede comprobar que la mayor parte es virgen” comentó, sin dejar de mirar la bahía de Fornells.

Después de almorzar en Ca’n Aguedet y colmar un día muy menorquín, le pregunté qué es lo que más le gusta de Menorca. “La tranquilidad, el silencio y el color verde. Aquí la Isla se impone a las personas, no al revés”, me dijo.

Y es verdad. Menorca es uno de los pocos paraísos donde la naturaleza convive en armonía con sus pobladores. Por eso, quizás, tiene un efecto sedante. Un paréntesis verde, silencioso y tranquilo dentro de un estilo de vida demasiado rápido para detenerte y apreciar los detalles.

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2 comentarios

  1. inma..rishi* said,

    enero 12, 2009 a 5:05 pm

    Amiga..efectivamente la isla derrocha tranquilidad y ahora en invierno es más verde que nunca. Los campos se ven a lo lejos por su color brillante y a la gente de los pueblos les gusta salir para dar enormes paseos por los mil rincones hermosos que tiene Menorca para disfrutar,a mí en particular me gustaba pasear por el cañón de Ferreries..se me quedó en la memoria una encina gigante y la vegetación exuberante alrededor del riachuelo.También hay una playa muy especial llena de cuevecitas cerca de La mola,cuyo nombre no recuerdo, que invitaba al pensamiento libre y por la que me encantaba pasear y descubrir su aspecto cambiante. Me llevé unos recuerdos increibles de la isla a la que tanto añoro volver.
    Un beso menorquina..y disfruta de tu isla bonita

  2. quasiperiodista said,

    enero 13, 2009 a 3:14 pm

    Hey Inma, pero a parte de la evidente belleza de la Isla en invierno, he constatado científicamente que la gente que vive fuera y llega a la Isla, le ocurren 2 cosas: duerme más horas y, al principio, se resfría.
    Comprobado. Ahora sólo falta saber la causa.

    Besos!


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