Santa Facultad

Vengo calentita.
Nunca me han gustado los aeropuertos. Me parecen espacios dedicados a la cultura del consumo fruto del aburrimiento de los pasajeros entre vuelos. Como me dan rabia, me siento en cualquier banco a dormir o a leer. Como mucho mucho, me paro en la Chocolat Factory del Prat, a cuyos productos tengo adoración.
Pero esta vez he lamentado no tener una libretilla para ir apuntando los pensamientos que me iban sobreviniendo entre vuelo y vuelo, entre espera y espera. Sobre todo en relación a esas personas que nos observan desde las alturas del academicismo. Esos chupópteros de las arcas nacionales, que te hablan con desaire, cuyo ego más se infla cuanto menos hacen. Que se fían más de las teorías de tal y cual autor, de hace casi un siglo, que de la realidad. Que han tenido miedo de comenzar su actividad profesional y no se les ha ocurrido mejor idea que quedarse entre los brazos de la facultad y no salir jamás del huevo universitario, bajo el pretexto de la explotación de los trabajadores en esta bonita profesión de periodista.
En realidad, la posición que estoy adoptando no es original. Los que trabajan en los medios critican hasta la saciedad a la mayoría de los profesores de esta carrera, calificándolos de ridículos, demagogos y vagos; y los profesores hacen lo propio con sus colegas doctores en.

Las posiciones de poder me tocan bastante las narices. Ya nos lo dijo un profesor de la facultad, quien curiosamenten es objeto de críticas en los corrillos de los departamentos. No es posible estudiar los procesos sociales desde las alturas, desvinculado de las actividades, desde la nube académica que lo pinta de color de rosa, y hace que la mayoría de los alumnos se pegue la ostia padre al aterrizar en la dura realidad.
“No te subo el medio punto que te falta para aprobar la última asignatura de la carrera porque no me has hecho las prácticas de clase”. Claro, no podía porque estaba haciendo las prácticas en la radio, porque quería ser periodista, y para eso, trabajo en los medios, y no en tu putas prácticas de clase.
“Deberías agradecerme que te haga la revisión por teléfono, cuando tus compañeros están pasando calor para venir aquí”. Y el billete de avión para cruzar el país, por medio punto, supongo que también tendrán que pagarlo mis compañeros…
“Tu jefe qué te pide, ¿que seas una profesional, o que tengas nociones de periodismo”. Buuuu… eso fue lo que me hizo desistir, porque toda mi mala leche se iba a concentrar en echarle un mal de ojo telefónico a esa estúpida y sin educación doctora en.

Pero lo mejor de todo es que, al acudir a la extraordinaria de septiembre, cambiaron el modelo de examen por sus narices y fastidiaron a la mitad del alumnado. Ya os pasaré la relación de no presentados de esta convocatoria -no es que no hayan ido, es que al ver la semejante falta de respeto por el tiempo y dinero del alumno hicieron como yo: se levantaron y se fueron-.
Por sus narices. Y punto. Qué admiración, qué espíritu didáctico. Sentí una tremenda satisfacción mientras me levantaba, guardaba mis cosas y salía del aula. Volveré a gastarme el dinero y mi precioso tiempo en hacer el examen en diciembre. Por vuestras narices. Supongo que como no chupo de las arcas nacionales, me toca mucho más las narices que a vosotras gastarme el dinero para soportar estas chiquilladas.

A ver si aprendéis, comodonas, a saber lo que es trabajar por conseguir algo. Que no tenéis ni puñetera idea. Y ojo, que como siempre digo que existen profes a los que les tengo una profunda admiración. Que saben lo que es currar. Que saben enseñar. De eso se trata.

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3 comentarios

  1. Manu said,

    septiembre 5, 2008 a 10:54 pm

    Mi experiencia con los profesores de mi facultad también fue bastante lamentable. Creo que hay un mundo de intereses creados en torno a la cátedra universitaria, que debería atender a controles más estrictos de calidad y actuación.

  2. Puella said,

    septiembre 12, 2008 a 4:55 pm

    La indignación me crecía por momentos al leerte, vaya gilipollas! Hay gente que parece no tener sentido de la realidad.
    Lo peor es que gilipuertas así los hay habrá siempre. El otro día me dijo mi jefe que hoy día (y antes) para ser periodista no hace falta estudiar periodismo. Él estudió Filología Clásica y ahí está.
    ¡Pues claro que se puede aprender la profesión trabajando en una empresa! Pero yo le dije que eso era intrusismo y que no lo veía bien.

    Bueno, acabo… pero antes, mi blog lo han cerrado y me he abierto otro, te dejo el enlace:

    Muuuuuuakas!

    http://puellagaditana.blogspot.com/

  3. Caminante said,

    septiembre 13, 2008 a 11:01 am

    Discrepo, querida Puella… no creo que alguien tenga que ser licenciado en Periodismo para desempeñar nuestra bonita profesión… porque no está reglada… como ocurre con otras -médico, aparejador, abogado…
    Pero sí es necesario para aprender las técnicas que luego afianzaremos en el tajo.
    Más vergüenza ajena me dan los ‘periodistas’ que se dedican a esa disfunción del periodismo que todos conocemos.

    Besitos!


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