La Vendimia

Aventuras y desventuras de una miniperiodista, menorquina, en sus estancias por ahí. Decidí titular así esta minibitácora, porque en mis previsiones a medio, incluso a largo plazo, intuía una vida muy movida, de ciudad en ciudad, de empresa en empresa, intentando encontrar un trabajo medio bien pagado. Incluso mal pagado, y moviéndome para encontrar un segundo empleo que me permitiera vivir, pues así ha sido mi modus operandi hasta ahora.
Pero es una verdad objetiva que esto de la vida es una noria. Empieza un ciclo, termina, y vuelve a empezar. Cuando menos te lo esperas, la suerte toca a tu puerta, o la fuerza invertida años atrás, o llámale “x”. Te sobresaltas al oír el timbre, observas por la mirilla, desconcertada, preguntándote quién es y qué moto quiere venderte. Abres poco a poco y te encuentras con una cesta llena de frutos, que plantaste tiempo ha. Y cuando vas a pagarle, te dice que ya está todo pagado.
Quizás, en el momento de la siembra, uno no se da cuenta de lo gratificante que puede llegar a ser la vendimia. Tomo como referencia una reflexión que me regaló un bodeguero al que entrevisté hará cosa de una semana. Me dijo que en el momento de la siembra, lo más importante es tener muy claro qué producto final quieres obtener.
Y así es. Si algo he aprendido en Sevilla, al margen de convertirme en una miniperiodista, es a tener confiaza y paciencia. Porque desde el primer momento, tuve muy claro lo que quería obtener. Que los momentos malos son sólo momentos, sin más, un preámbulo sin el cual no se puede continuar.
Esto de la suerte, al final, será un eufemismo.

Un saludo.

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2 comentarios

  1. puella said,

    agosto 25, 2008 a 7:16 pm

    Qué va killa, tuve suerte y me quité de encima las dos que me quedaban en junio, así que a falta de certificado oficial, se puede decir que soy periodista.
    A ti te quedó alguna, ¿no? Muuuuucha suerteeeee

  2. Manu said,

    agosto 25, 2008 a 8:44 pm

    La cosa es que la suerte no te suele sorprender tirado en el sofá de tu casa sin hacer nada. Hay que trabajar para merecértela, y tú lo has hecho. Así que lo que te ocurre ahora es sólo el justo precio que la vida te paga por esos esfuerzos.

    Y yo estoy muy orgulloso de ti 🙂 Besitos


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