Grandes locos de la historia

Después de que mi masaje mensual me haya devuelto el riego sanguíneo al cerebro; tras tener un poquito de tiempo para leer, y como la temporada está dando ya sus últimos coletazos, actualizo este blog, al que ya le estaban saliendo setas del aburrimiento absoluto al que le tenía sometido.

Desde siempre me han llamado la atención las personas perturbadas –locas, desviadas, desubicadas, raras, extravagantes, fuera de lo común… llamémosle x-. Pero sobre todo las que, por circunstancias varias, han cambiado el rumbo de la historia, como Adolf Hitler, de pintor frustrado a führer del III Reich; o Juana I de Castilla, que se volvió loca de amor. Ayer descubrí un libro que recoge una selección de estos personajes de sentimientos fascinantes, que sin duda apunto a la lista de lecturas que pretendo realizar a partir de octubre.

Uno de los personajes que más intriga es Grigori Yefímovich, conocido mundialmente por Rasputín (Pokrovskoie, 22-01-1869 – Petrogrado, 29-12-1916). Según una biografía breve, este monje siberiano no tuvo otra formación que la de ser un cuatrero en sus primeros años, para más tarde retirarse a un monasterio a meditar y formar parte de una secta que pretendía llegar a la fe mediante el dolor, pero que también celebraba fiestas y orgías a las que Rasputin era asiduo. Su propia experiencia y ambición le llevaron a relacionarse con la nobleza y monarquía rusas y a ser uno de los personajes de mayor influencia en los primeros años del siglo XX. De hecho, es considerado uno de los responsables del estallido de la Revolución Rusa y de la caída de la monarquía. Hasta la forma de su muerte pone los pelos de punta: ahogado por algunos miembros de la familia real rusa, siendo antes envenenado, violado, castrado y golpeado. De hecho, su presunto pene, de 28,5 centímetros de longitud -35 según una biografía escrita por su hija- se conserva en el museo de erotismo de San Petersburgo.
No cabe duda de que se trata simplemente de una persona, pero rodeada de un halo de misterio expresado, sobre todo, en esa mirada, que da escalofríos. La mente humana continúa siendo esa gran desconocida, pero motor de nuestra existencia. Creo que las personas le tenemos miedo a lo que no conocemos, así que el misterio que envolvía al místico siberiano fue uno de sus mejores activos para tener, durante cierto tiempo, a todo quisqui como corderitos a sus pies.
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1 comentario

  1. Manu said,

    agosto 18, 2008 a 4:46 pm

    Conozco el libro y forma parte de mi fantástica lista de deseos para próximos viajes a la biblitoeca municipal.

    Lo de Rasputín lo conocía más o menos por encima, y hay imágenes de su pene que sobrecogen realmente. Eso sí que era magia… No me extraña que los grandísimos Boney M le dedicaran una fantástica canción 🙂 Besitos.


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