Mensaje en una botella

Esta noche he abierto la ventana de mi cuarto y me he encontrado en la repisa una botella verde de cristal, cerrada con un tapón de corcho y con un papel dentro. Al descorcharla, -por cierto, me ha costado un huevo, el tapón estaba a presión- he desenrollado el folio y me he encontrado un mensaje escrito con Times New Roman 12 a 1,5 espacio el siguiente texto:

‘Ojalá pudieras saber el contenido exacto de los efectos beneficiosos del proceso de aprendizaje cada vez que te encuentras un obstáculo. Ojalá, también, fueras capaz de conocer a la perfección tu mente para saber en qué momento del camino te encuentras. Si vas a encontrarte con algunas piedras que, sin duda, van a enseñarte a saltar. Pero, desgraciadamente, eso no va a poder ser. Esa fuerza que lleva a saltarlas no se manifiesta cuando te las encuentras en la mitad del camino. Muchas veces, la emoción más habitual es no saber si vas a ser capaz de saltarlas. Y sólo hay un modo de saberlo. Haciendo algo.
Mides los más y los menos. El margen de error. La velocidad del salto. Los posibles efectos de no ser capaz de saltar. No tener suficiente fuerza, buscar un camino más fácil. A cada pensamiento, a cada duda, las piedras van aumentando, hasta elevarse en un muro. Pero la única salida es saltar esos pedruscos que cortan el camino. Miras entre las ranuras a ver si hay algún bicho. Intentas subirlas. Te flaquean los tobillos y las muñecas. Te raspas las manos. Te caes. Luego intentas escarbar un poco debajo de las piedras para conseguir un hoyo. Nada, la tierra está seca y dura.
Te lamentas, lloras, rabias de ira. No quieres trepar, tienes miedo, no te quieres hacer cortes en las manos, no quieres carte y hacerte daño. Pero estás perdiendo el tiempo. Debes intentarlo. Contener la respiración. Hacer un esfuerzo. Sabes que, si el camino continúa, es posible pasar. Alguien habrá tenido que hacerlo para seguir construyendo el camino. U otro habrá puesto ahí las piedras para fastidiarte. Absorta, te encuentras haciendo unas cábalas de situaciones que ni siquiera sabes. Sólo es imaginación, el disfraz del miedo al dolor y a quedarte sola y aburrida enmedio del camino.
El muro cada vez está más alto… da vértigo sólo mirarlo hacia arriba. Y, de pronto, te acuerdas del cuento del elefante. Imaginas al gran elefante dándose cuenta de la fuerza que tiene. De que lo que lo ata, es sólo una estaca a la tierra. Cuando era bebé, intentó arrancarla del suelo. Una vez, y otra, y otra. Nada. Al final, se resignó. Pero ya te sabes el cuento del elefante. Miras hacia arriba, desafiando al muro, y decides que tus aliados van a ser la fuerza, la paciencia y la lógica. Así que apoyas tus pies en las ranuritas de las piedras, al igual que tus manos. Subes. Vas descansando durante la escalada, sin dejar de soltarse, con la mínima fuerza imprescindible. Vuelves a retomar tu objetivo. Ya no ves un muro vertiginoso, sino una meta. Y te alegras de que cada vez esté más cerca. Incluso, ya puedes escuchar el viento sonorizando las copas de los árboles. Quizás tardes un poco más, pero habrás llegado a la cima.
Y, para la próxima, sabrás escalar un muro en menos tiempo. Y no volverá a crecerse ante tus dudas’.

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2 comentarios

  1. ana said,

    abril 2, 2008 a 8:54 pm

    Y rodearlo??

    Besines.

  2. Puella_gaditana said,

    abril 6, 2008 a 11:18 am

    Ése es el espíritu, ¿que hay un obstáculo? pues se enfrenta. Aunque también rodearlo tiene su aquél jeje

    Gracias por darme la bienvenida a mundo blog!


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